Cuando cumplí dieciséis  años mi padre me dejó una de sus cámaras Nikon y desde entonces no he parado de fotografiar el mundo que me rodea, viajando con mi equipo por Europa y Sudamérica.

 

Me apasiona la tranquilidad del campo, pero también el ajetreo y dinamismo de la ciudad, es por ello que cuando abrí mi propia empresa de fotografía de bodas quería que estas dos contrariedades estuvieran presentes en todos mis trabajos. En mis reportajes los novios se besan y abrazan en la montaña, en el bosque, en el río, en el mar, pero también en la carretera, en calles llenas de gente, entre coches, en escaleras mecánicas...porque ese es el escenario en el que nos movemos la mayoría de nosotros y del que quiero dejar testimonio con mi cámara.